Por Clarissa Donnelly-DeRoven, traducido por Lidia Hernández Tapia

Desde abril de 2020, Mary K, de 52 años, enfrenta un problema de salud tras otro: primero, una infección bacteriana conocida como “fascitis necrosante” que es poco común, y luego una infección con MRSA, una cepa de estafilococo resistente a los antibióticos. Después, una neumonía. Finalmente, una pequeña herida en un dedo del pie se le convirtió en una infección ósea bacteriana, que más tarde requirió la amputación del dedo gordo del pie y luego de toda la pierna, hasta la rodilla.

En todo momento, la residente de Hendersonville estuvo postrada en cama sin poder trabajar. Perdió su capacidad para conducir y comenzó a dejar de pagar su casa.

Como era de esperar, al no tener seguro médico, empeoró todo.

Además de sus hospitalizaciones, Mary K ya luchaba con varias enfermedades crónicas: diabetes, obesidad, ansiedad. Mantener sus padecimientos bajo control sin una cobertura de salud confiable fue una tarea árdua. Obtenía insulina de una clínica gratuita en Hendersonville, por ejemplo, pero se saltaba los exámenes regulares y los análisis de sangre cuando los médicos con exceso de trabajo no podían acomodarla.

Después de la amputación de la pierna, Mary K solicitó Medicaid. En el tiempo que tomó procesar su solicitud, comenzó a recibir decenas de miles de dólares en facturas por sus estadías en el hospital. No había forma de que pudiera pagar ninguna de ellas.

Sin embargo, después de unos meses, su solicitud de Medicaid fue aprobada y se inscribió en el programa de seguro conjunto estatal-federal que brinda cobertura a personas de bajos ingresos. Se enteró de que su cobertura sería retroactiva, por lo que el programa pagaría la deuda médica en la que había incurrido mientras no tenía seguro pero era elegible para la cobertura.

Estar en Medicaid le permitió obtener un médico de atención primaria y ver regularmente a un endocrinólogo para controlar su diabetes. Además, con la cobertura de costo total del programa de su insulina y otros medicamentos, ya no tendría que depender de clínicas gratuitas.

Pero el seguro de salud por sí solo no podía resolver todos los problemas médicos con los que tenía que lidiar. Había perdido su trabajo y, sin el pie derecho, ya no podía conducir. En un pueblo pequeño como Hendersonville sin transporte público confiable ni taxis, eso significaba que tenía que depender de amigos y familiares para que la llevaran a todas partes.

Un día, Mary K estaba hablando con su administrador de casos en WellCare, la compañía que administra su plan de Medicaid. Le dijo a la mujer que había obtenido la mayor parte de su comida de las despensas, pero que solo podía llegar allí cuando la llevaban. Una vez allí, los trabajadores del banco de alimentos generalmente solo le ofrecían productos no perecederos, como mantequilla de maní, pasta o frijoles, alimentos que no la ayudaban a mantener su diabetes y su peso bajo control.

Durante la conversación, el administrador de atención determinó que Mary K calificaba para un programa con el que la oficina de Medicaid de Carolina del Norte ha estado experimentando desde marzo: Healthy Opportunities Pilot.

No todo Carolina del Norte participa en el programa HOP. Cada región tiene un ‘líder de red’ diferente: Access East en el noreste, Community Care of the Lower Cape Fear en esa región, así como Impact Health en las montañas al oeste del estado. Credit: NCDHHS

La comida como medicina

El programa, conocido como HOP por sus siglas en inglés, actualmente opera en las montañas occidentales, la región de Lower Cape Fear y gran parte del noreste del estado. Detrás del programa está la idea de que el estado podría reducir el costo que paga por la atención médica de los pacientes de bajos ingresos en el programa si cubre los servicios no médicos, como los alimentos frescos, que han demostrado ser claves para una buena atención preventiva de salud. 

Diferentes organizaciones comunitarias en las regiones se inscribieron para brindar estos servicios a los pacientes de Medicaid. Los programas de alimentos comenzaron a ofrecer sus servicios en marzo, y luego en mayo se sumaron al programa piloto otras organizaciones que ofrecen diversos tipos de apoyo en vivienda y transporte.

Se suponía que las agencias de violencia doméstica se unirían al programa HOP en junio, pero esa parte del programa todavía se demora.

El administrador de atención de Mary K la conectó con una organización en su ciudad llamada Caja Solidaria. Desde 2020, la organización de ayuda mutua ha obtenido productos de diferentes agricultores y ha construido y entregado cajas de alimentos a personas de bajos ingresos en los condados de Henderson y Transylvania.

A partir de marzo de este año, la organización fue uno de los cientos de grupos comunitarios que se unieron al experimento de HOP. Hacen lo que siempre han hecho, pero ahora Medicaid les paga por ello.

Cinco meses después de iniciado el programa, la cofundadora de Caja, Sonya Jones, dice que les va bien.

“Tenemos 47 referencias”, dijo. “Tenemos relaciones muy sólidas con los proveedores de atención de la salud, por lo que la gente puede hablar al respecto. Además, nuestros participantes también hablan entre ellos, llaman y dicen, ‘llame y descubra cómo ingresar al programa'”.

Además de conseguir muchos clientes, Jones y otros que trabajan con los programas de alimentos dicen que tienen acceso a suficientes alimentos para todos. Un beneficio adicional: en su mayoría se les paga a tiempo.

“Tratamos de comprar lo que podemos de las granjas y agricultores locales”, dijo Jones. “Realmente tratamos de pensar a largo plazo sobre cómo construir y mantener los fondos dentro de esta comunidad”.

El programa también ha demostrado rápidamente su valor en la vida de personas como Mary K. El acceso a alimentos más saludables ha tenido un impacto en su capacidad para controlar la diabetes.

Todos los viernes los voluntarios se reúnen para empacar cajas de alimentos para Caja Solidaria, tanto para los participantes de Medicaid como para otras personas interesadas. Credit: Clarissa Donnelly-DeRoven

“Pude bajar mi A1C de 10.8 a 7.6”, dijo. La prueba de hemoglobina A1C mide el nivel promedio de azúcar en la sangre durante aproximadamente tres meses. Si bien aún se encontraba en el rango de la diabetes, el declive de Mary K fue significativo.

“Incluso mi médico dijo: ‘Bueno, ¿qué hiciste?’ Y yo dije: ‘Creo que finalmente tengo la combinación correcta de insulina, estoy tratando de comer más saludable’”, dijo. “Las verduras sin duda han sido una gran parte de este logro”.

Contrarrestar el aislamiento

El programa piloto Healthy Opportunities también ha ayudado emocionalmente a Mary K. Al vivir en un pequeño pueblo sin poder conducir, se siente sola. Cada semana va a la iglesia, estudia la Biblia y hace terapia física, y ya. Por lo tanto, espera con ansias las visitas de Jones el viernes por la tarde: es una oportunidad para conversar y conectarse, y obtener algunas verduras. Mary K también ha comenzado a experimentar más en la cocina, con libros de cocina prestados y sugerencias de recetas para hacer algo sabroso con algunos de los productos que no conoce.

Además, debido a que ella expresó interés, el esposo de Jones le trajo a Mary K algunas semillas para que pudiera comenzar su propio huerto.

“Me trajeron unas plantas de tomate. Planté algunas semillas de judías verdes y han germinado. Ya las plantas están subiendo en la reja”, dijo. “Me imagino que una vez que comience a cosecharlos y empiecen a dar frutos, los compartiré con la familia de mi iglesia. No me los quedaré a todos.”

El éxito no ha sido tan sencillo para las otras áreas del programa de Healthy Opportunities. Por ejemplo, muchas organizaciones describen el proceso de correr la voz como dolorosamente torpe. Otros describen cómo la escasez de cualquier vivienda, por no hablar de viviendas asequibles, afecta negativamente su capacidad para mostrar el valor de su apoyo. También, las organizaciones luchan por participar simplemente porque muchas personas en Medicaid ni siquiera saben que el programa existe.

Si bien casi todos los involucrados en el programa creen que tiene un gran potencial, a muchas de esas mismas personas les preocupa que, a menos que cambien algunos aspectos fundamentales, es poco probable que alcance todos sus objetivos. Healthy Opportunities podría terminar sin poder demostrar que el estado puede, en palabras de la exsecretaria de salud estatal Mandy Cohen, “comprar salud” en lugar de “comprar atención médica”.

Aunque eso es ciertamente lo que el programa ha hecho por Mary K.

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Clarissa Donnelly-DeRoven

Clarissa Donnelly-DeRoven covers rural health and Medicaid. She previously worked at the Asheville Citizen Times where she reported on the police, courts, and other aspects of the criminal justice system....